26 febrero 2006

 

Pongámonos en la piel de Eto’ó

Esquinas Torres, colegiado del encuentro, intenta hacer recapacitar a Samuel Eto'o en su intento de abandonar el terreno de juego
Corría el minuto 75 de la segunda mitad y el Mejor Jugador Africano del Año, por segundo año consecutivo, se cansó de escuchar los gritos racistas desde la grada de La Romareda. “No juego más” decía mientras se dirigía a los vestuarios perseguido por compañeros, rivales, árbitro y entrenadores. ¿Hasta dónde puede llegar la paciencia de un ser humano? ¿Hizo bien Samuel al querer retirarse del terreno de juego? Son cuestiones que se plantean en cualquier mente alejada de falsos totalitarismo afianzados en el racismo. Para muchos la actitud de Samuel Eto’ó estuvo fuera de lugar. Un profesional que gana tanto dinero al año bien merece ser increpado, insultado o perseguido a lo largo de noventa minutos. Quizás ese sea el problema de hoy en día, el acomodamiento que la sociedad ha adquirido respecto a situaciones que deberían ser castigadas.

El fútbol se ha convertido en rescoldo de putrefactas ideologías, tan viles como absurdas bajo el cual se amparan grupos ideológicos perfectamente estructurados, el mayor problema es que a esos grupos de mente obsoleta se una el pueblo. Gente que acude a los estadios para descargar la tensión de la semana. Gente que se alía con el compañero para proferir improperios a semejantes que por el simple hecho de encontrarse al otro lado de la barrera tiene justificado el insulto fácil. Es una vergüenza.

Manuel Saucedo, Director de Marca, poco ha tardado en destacar el valor y dignidad de Eto’ó. Poniéndose en su piel cualquiera habría hecho lo mismo, cualquiera que se sienta amenazado en su dignidad como persona. Para Saucedo, su conato de rebeldía debe de convertirse en una llamada de atención a los cada vez más generalizados actos de racismo que se respiran en los campos de fútbol. No nos vamos a ir del campo, no, vamos a echar o a educar a los indeseables racistas reza Saucedo en su artículo. Nadie lo desea para uno mismo, no lo deseemos para el prójimo. Sentí vergüenza, vergüenza ajena al escuchar a todo un campo hacer el mono. No soy seguidor del Zaragoza, soy seguidor del Barcelona, pero por encima de colores de equipos de fútbol está el color del ser humano y no por ello aplaudiría al Camp Nou gritando a un jugador de color. No lo hice cuando ocurrió con Roberto Carlos, porque aquí no se salva ninguno, menos lo haré cuando afecte a mi equipo.

Quizás el mejor gesto del partido fue las manos alzadas de Samuel con dos dedos en el aire en clara alusión al resultado final, un símbolo de provocación, merecido, justo y necesario para que el que un día declaró “correr como un negro para cobrar como un blanco” se pudiera redimir de la noche más triste para el fútbol español en muchos años.





Decía Víctor Muñoz al final de partido que los gritos escuchados por el camerunés provenían de una minoría zaragocista y que se oyen en la mayoría de los campos. No creo que sea momento de entrar a valorar si aquellos que los alzaron son seguidores o no del cuadro maño. Lo que si me gustaría resaltar, porque ya cansa, es la falsa moral que se levanta desde los medios de comunicación. “Se trata de una minoría que no representa a la afición del Zaragoza”, “Los que saltaron contra Eto no son aficionados del equipo maño”. Pues claro que lo son, del Zaragoza, del Getafe (por destacar une escenario en el que también se han dado casos de racismo), del Barcelona, Madrid (por poner dos casos de identificación de fútbol a gran nivel) o del Torredonjimeno (pobre este equipo que nada tiene que ver y se le mete en la pomada). Desgraciadamente de las palabras de Victor Muñoz se desprenden muchas ideas y además negativas. Resulta sorprendente escuchar a un entrenador sin despeinarse decir que los gritos racistas es algo que se oye en la mayoría de los campos. Cierto, pero hombre, pongámosle un poquito más de crítica y no lo dejemos pasar como si de algo habitual se tratase.

No sé si Eto’ó hizo bien intentando desmarcarse del partido. No sé si su sueldo y profesionalismo se lo deberían de haber impedido. No lo sé. Pero si sé que nadie tiene el derecho, por mucha entrada que compre a un estadio de fútbol, de descargar en una persona la tensión de una semana por el simple hecho de haber nacido con un color de piel diferente. Hay que ser consecuente y ponerse en la piel de todos, aficionados, jugadores y árbitros. Al campo de fútbol se va a jugar.

Eto'o junto a otros dos jugadores de color, Larsson y Álvaro


Comments:
El señor Etoo va de víctima por la vida. No quiero decir que no estuviesen mal los insultos, pero también es cierto que aprovecha esto para darse publicidad y montarla. ¿No tiene suficiente con ganar lo que gana?

Está claro que no se puede andar por la vida insultando y que los intolerantes deben ser expulsados del mundo del fútbol, pero creo que debería preocuparse más de jugar que por lo que le pagan
 
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